Estoicismo, anarquía y gymbros.
"El estoicismo original contenía una crítica radical a la propiedad privada, al Estado-nación y a las jerarquías sociales. La conexión que trazas entre estoicismo y comunismo-anarquismo no es forzada ni anacrónica. Es una línea reconocida por historiadores de la filosofía política (como Eric Havelock, Marguerite Yourcenar en su obra sobre Marco Aurelio, o Martha Nussbaum cuando habla de la base estoica de los derechos humanos)."
"Hoy, sin embargo, el estoicismo ha sido objeto de una apropiación muy distinta. Como señala un artículo de La Tinta (Federico Uanini, 2024), las redes de ultraderecha utilizan a Marco Aurelio (y en menor medida a Séneca) como figura central para construir un modelo de masculinidad basado en la dureza, el silencio emocional y el éxito individualista, en lugar de la empatía y la solidaridad."
1. Orígenes y estructura del estoicismo
La escuela estoica fue fundada por Zenón de Citio (334‑262 a. C.), un filósofo de origen fenicio nacido en Chipre, entonces colonia griega. Su pensamiento bebe de diversas fuentes: toma elementos de Heráclito, de la escuela cínica, de Platón y algunos de Aristóteles, pero combate sobre todo la escuela rival de su tiempo: la de Epicuro.
Al igual que el epicureísmo, Zenón subdividió la filosofía en lógica, física y ética. Sin embargo, para los estoicos estas tres partes no son independientes: la lógica y la física son necesarias para alcanzar la virtud, e incluso pueden considerarse virtudes en sí mismas. La lógica es la virtud de saber a qué representaciones (percepciones que llegan a la mente a través de los sentidos y los recuerdos) hay que asentir, y cuáles rechazar. La física es la virtud de saber cómo actuar conforme a la Naturaleza, porque estudia y entiende la Naturaleza como un conjunto coherente.
En lógica, Zenón se enfrentó a la canónica epicúrea. Aunque admitía que todo conocimiento proviene de los sentidos —no hay ideas innatas—, sostenía que cuando el hombre adquiere conocimientos llega a percibir los conceptos comunes, es decir, los conceptos morales universales. Más tarde, Crisipo desarrollaría un sistema de lógica proposicional que rivalizó con la silogística aristotélica; sus similitudes con la lógica de Frege han sido destacadas por estudiosos contemporáneos.
2. Física, cosmología y teología
La física estoica es muy afín a la de Heráclito e incorpora elementos de Platón. Hay un principio rector —el Logos— en forma de fuego que conforma todas las cosas del universo, incluso las inmateriales. Dios es inmanente al universo, no está fuera de él. La teología estoica es así panteísta, fatalista y naturalista: el mundo en su totalidad es divino, lo que explica la universalidad de la creencia en los dioses, pese a su diversidad.
La concepción de un cosmos dotado de un principio rector inteligente conduce a un determinismo radical: todo está gobernado por una ley racional inmanente y necesaria. El destino no es más que la estricta cadena de causas ligadas entre sí: “Los sucesos anteriores son causa de aquellos que les siguen, y en esta manera todas las cosas van ligadas unas a las otras, y así no sucede cosa alguna en el mundo que no sea enteramente consecuencia de aquella y ligada a la misma como a su causa” (SVF, II, 945). El azar no existe; es simple desconocimiento causal. Si nuestra mente pudiera captar la total trabazón de las causas, entendería el pasado, conocería el presente y predeciría el futuro. Este mundo es el mejor de los posibles, y nuestra existencia contribuye a ese proyecto universal; por tanto, no hay que temer al destino, sino aceptarlo.
La cosmología estoica es cíclica, similar a la concepción hindú. No hay un inicio absoluto del tiempo: el universo actual es una fase de un ciclo eterno, precedido y seguido por infinitos universos que son destruidos (ekpyrōsis, conflagración) y recreados una y otra vez. Todo se desenvuelve en grandes ciclos cósmicos (aión), al final de los cuales todo volverá a comenzar de nuevo, incluso nosotros mismos. Esta idea anticipa la noción del eterno retorno.
3. Ética: virtud, eudaimonía y ataraxia
La ética estoica se basa en el dominio y control de los hechos, las cosas y las pasiones que perturban la vida, valiéndose de la valentía y la razón. Como seres racionales, el objetivo es alcanzar la eudaimonía (felicidad o bienaventuranza) y la sabiduría de aceptar el momento tal como se presenta, sin dejarse dominar por el deseo de placer, la recompensa inmediata o el miedo al dolor.
Los estoicos no creen que la vida esté gobernada por la suerte, el azar o las coincidencias: no hay casualidad, solo causalidad. Todos los sucesos están regidos por la ley de causa y efecto; recogemos lo que sembramos. La recompensa de asumir esta responsabilidad y de esforzarse por cambiar la actitud es la ataraxia (imperturbabilidad) o paz interior frente a las circunstancias desfavorables.
Las cuatro virtudes cardinales del estoicismo son:
Conocimiento práctico – habilidad para manejar situaciones complejas con mente tranquila.
Templanza – restringir y moderar la atracción por placeres y bienes mundanos.
Justicia – ser justo con los demás incluso cuando nos han faltado al respeto.
Coraje – no solo en situaciones extremas, sino en el día a día con claridad e integridad.
4. La influencia cínica y el radicalismo anarquista de Zenón
El estoicismo bebe directamente de la tradición cínica. La genealogía es clara: Sócrates → Antístenes (discípulo directo) → Diógenes de Sinope (el cínico paradigmático) → Crates de Tebas→ Zenón de Citio, quien fue discípulo de Crates. Antístenes, a quien algunos consideran fundador del cinismo, adoptó un estilo de vida ascético centrado en la virtud y creó muchos de los principios que luego inspirarían a Diógenes y a los cínicos posteriores. Como dice Diógenes Laercio, Antístenes “puso los cimientos para la ciudad que luego construirían cínicos y estoicos”.
De los cínicos, Zenón tomó no solo una actitud de desprecio por las convenciones, sino también una crítica radical a la propiedad privada y una concepción de comunidad sin Estado. En particular:
El desprecio por las convenciones sociales y las leyes positivas, entendidas como meros instrumentos de dominación.
La autosuficiencia (autarkeia), pero entendida no como aislamiento individual, sino como condición para una vida comunitaria no mediatizada por la acumulación.
El cosmopolitismo: “No soy ateniense ni corintio, sino ciudadano del mundo” (Diógenes), que implica la negación de toda frontera política.
La crítica radical de la propiedad y la riqueza, consideradas fuente de injusticia y división entre los humanos.
El ascetismo como forma de liberación de los falsos deseos inculcados por la sociedad.
Esta influencia se plasma de manera más explícita en la República de Zenón, una obra perdida que conocemos por testimonios como el de Plutarco:
“La República de Zenón, el estoico, propone una sola forma de gobierno: que no habitemos ciudades ni pueblos separados por leyes particulares, sino que consideremos a todos los hombres como conciudadanos y paisanos, y que haya una sola vida y un solo orden (kosmos), como un rebaño que pace junto alimentado por una ley común.” — Sobre la fortuna de Alejandro, 329 A-B.
En esa República, Zenón proponía medidas que apuntan directamente a la abolición de la propiedad privada y la organización comunitaria de la vida:
Abolición de la moneda: el dinero es innecesario en una comunidad de amigos que comparten todo.
Abolición de los templos y tribunales: la verdadera piedad es el conocimiento de la naturaleza; la justicia no requiere instituciones coercitivas, sino que brota de la razón compartida.
Comunidad de mujeres y niños: una propuesta que disuelve la propiedad privada extendida a las relaciones humanas y a la familia patriarcal.
El amor (erôs) como impulso hacia la virtud, no hacia la posesión.
Frente a la utopía estatista de Platón —con su ciudad jerárquica, guardianes gobernantes y educación estatal—, Zenón opuso una concepción anárquica de comunidad libre de gobierno, basada en la razón compartida y la abolición de las instituciones coercitivas. Este Estado universal, sin dominación ni clases, es uno de los primeros anhelos de hermandad mundial y constituye un germen claro de comunismo sin Estado opresor particular. La crítica a la propiedad privada no es aquí un mero apunte moral, sino el pilar de una organización social alternativa.
5. El cosmopolitismo en la tradición estoica posterior
Esta veta igualitaria y universalista atraviesa todo el estoicismo, incluso en sus figuras más institucionales.
Cicerón (estoico ecléctico) escribe: “No hay diferencia alguna por naturaleza entre los hombres... aquellos que tienen la razón en común tienen también la ley justa en común” (De Legibus).
Séneca afirma en sus Cartas a Lucilio (Carta 47): “Me place saber, por lo que me escribes, que vives en familiaridad con tus esclavos. Esto cuadra con tu prudencia y con tu cultura. ‘Son esclavos’ —se dice. Pero no, son hombres. ‘Son esclavos’ —se dice. Pero no, son compañeros de servidumbre. ‘Son esclavos’ —se dice. Pero no, son humildes amigos. ‘Son esclavos’ —se dice. Pero no, son compañeros de esclavitud, si consideras que la suerte tiene el mismo derecho sobre unos y otros.” Y añade: “La naturaleza nos engendró a todos como hermanos, formados de los mismos elementos y destinados a los mismos fines. Ella nos infundió el amor mutuo y nos hizo sociables” (De la Ira, II, 31, 7).
Séneca desarrolla también una crítica radical a la riqueza y la propiedad privada, sus citas son ya una crítica al ansia consumista que define el capitalismo:
“La naturaleza nos ha dado lo necesario; el lujo ha dependido de nuestro vicio.” (Cartas a Lucilio, 4, 10‑11)
“El hombre es pobre no porque tiene poco, sino porque desea más.” (Cartas, 2, 6)
“Compra sólo lo necesario, no lo conveniente. Lo innecesario, aunque cueste un solo céntimo, es caro.” (Cartas, 94, 28)
Su cosmopolitismo se expresa con claridad: “El hombre es un animal sociable, no un animal gregario... la primera llamada de la naturaleza es la de la utilidad común” (De los Beneficios, VII, 1, 7); y en su destierro: “La tierra, toda ella, es mi patria” (A Helvia, sobre la consolación, 8, 6).
Epicteto retoma estas ideas en sus Discursos: “Cada ser humano es principalmente un ciudadano de su propia comunidad; pero también es miembro de la gran ciudad de dioses y hombres, de la cual la ciudad política es solo una copia”. Y también: “No eres ni un ateniense ni un corintio, sino un ciudadano del mundo”. Su enseñanza se centra en la ética: el estudio de la filosofía no es un fin en sí mismo, sino un medio para aprender a vivir conforme a la naturaleza, distinguiendo lo que depende de nuestro albedrío de lo que no, y actuando en consecuencia.
Marco Aurelio, aun siendo emperador, mantiene el núcleo cosmopolita:
“Mi ciudad y mi patria, en cuanto Antonino, es Roma; en cuanto ser humano, es el mundo.” (Meditaciones, VI, 44)
“Si el intelecto es común, también lo es la razón, en virtud de la cual somos seres racionales; si esto es así, también es común la ley que ordena hacer lo que es correcto; si esto es así, somos conciudadanos; si esto es así, el universo es como una ciudad.” (Meditaciones, IV, 4)
“Todos hemos venido al mundo para colaborar, como los pies, las manos, los párpados, las filas de dientes superiores e inferiores. Obrar, pues, unos contra otros es contrario a la naturaleza.” (Meditaciones, II, 1)
Aunque en Marco Aurelio encontramos menos crítica explícita a la propiedad y a la esclavitud que en Séneca, su filosofía sigue afirmando la igualdad natural y el deber de servicio a la comunidad universal.
6. Recepción moderna: el estoicismo como inspiración para el comunismo-anarquismo
La conexión entre estoicismo y pensamiento igualitario radical no es forzada ni anacrónica. En los siglos XIX y XX, pensadores libertarios y socialistas reconocieron explícitamente esta veta.
Piotr Kropotkin (anarquista comunista) cita a los estoicos en La moral anarquista y La ayuda mutua como precursores de la solidaridad sin coerción estatal. Para Kropotkin, la idea estoica de oikeiôsis (apropiación del otro como prójimo) es un fundamento natural de la cooperación libre.
Friedrich Engels, en Del socialismo utópico al socialismo científico, menciona que el estoicismo, junto con el epicureísmo, anticipó algunos rasgos del materialismo y del universalismo que el socialismo retomaría.
Murray Bookchin (ecología social, anarquista) en The Ecology of Freedom rastrea en el estoicismo y en los cínicos los primeros brotes de una ética de la libertad y la comunidad no jerárquica.
Los cínicos también impulsaron ideas que luego pasarían a formar parte del corpus teórico anarquista, como el cosmopolitismo, consistente en la negación de las fronteras y divisiones entre los Estados. Kropotkin y Emma Goldman usaban la figura de Diógenes y los cínicos como ejemplo de rebelión contra el Estado y la propiedad.
El estoicismo original contenía una crítica radical a la propiedad privada, al Estado-nación y a las jerarquías sociales. La conexión que trazas entre estoicismo y comunismo-anarquismo no es forzada ni anacrónica. Es una línea reconocida por historiadores de la filosofía política (como Eric Havelock, Marguerite Yourcenar en su obra sobre Marco Aurelio, o Martha Nussbaum cuando habla de la base estoica de los derechos humanos).
7. El pastiche de la ultraderecha: masculinidad, individualismo y vaciamiento
Hoy, sin embargo, el estoicismo ha sido objeto de una apropiación muy distinta. Como señala un artículo de La Tinta (Federico Uanini, 2024), las redes de ultraderecha utilizan a Marco Aurelio (y en menor medida a Séneca) como figura central para construir un modelo de masculinidad basado en la dureza, el silencio emocional y el éxito individualista, en lugar de la empatía y la solidaridad.
Según ese análisis, la obra Meditaciones es recortada: se pondera solo la parte que invita a “hacerse fuerte a uno mismo para no dejarse inmutar por los golpes de la vida y lo que le sucede a los demás”. Esta estrategia usa la figura imperial para proponer una subjetividad que se vincula con las dificultades desde “el aguante, desde el soportar y desde una distancia apolítica que estimula esa indiferencia como un sinónimo de fortaleza”. Se trata de un pastiche y una deformación del pensamiento estoico que justifica una masculinidad violenta y reprimida, ignorando que los estoicos despreciaban una vida orientada exclusivamente a la búsqueda de riqueza y que predicaban el amor fraternal.
Esta apropiación se extiende al cuerpo: el mewing, la hipertrofia muscular y la estética del “gymbro” se presentan como correlatos físicos de la supuesta “fortaleza estoica”. Incluso se vincula con el mundo financiero: “ser estoico” se equipara a tener “mentalidad de tiburón” y a orientar toda la vida hacia la inversión y el dinero.
Frente a esta lectura, el artículo concluye: “La excusa de poner a Marco Aurelio o ‘al estoico’ como el ideal de hombre que soporta en silencio y se aleja de la solidaridad para ‘pensar como tiburón’ no es solo un problema juvenil: es la propuesta política de la ultraderecha”. Se estimula así una forma de vida que ve con malos ojos la protesta y la defensa de derechos colectivos.
8. Las dos potencias del estoicismo y la necesidad de recuperar su núcleo igualitario
Podemos decir que el estoicismo contiene dos potencias contradictorias:
Una radical, igualitaria, cosmopolita, antiestatal y comunitaria (la línea de Zenón, la Repúblicaperdida, la crítica de la esclavitud, el universalismo de Séneca y Epicteto).
Otra acomodaticia, jerárquica, funcional al poder romano (la línea de Séneca como consejero imperial, Marco Aurelio como emperador).
La primera es la que retoman los anarquistas y socialistas. La segunda es la que secuestra la ultraderecha, vaciándola de su contenido igualitario para convertirla en un manual de resiliencia individualista.
Sin embargo, incluso en Marco Aurelio, cuando se lee completo, aparece el deber de trabajar por el bien común, la humildad y la conciencia de que todos compartimos una misma naturaleza. No es un defensor de la jerarquía cruel ni del individualismo de mercado.
9. Fuentes para seguir profundizando
Para contrastar y ampliar lo expuesto, se recomiendan:
Plutarco, Sobre la fortuna de Alejandro (pasaje sobre la República de Zenón).
Diógenes Laercio, Vidas de los filósofos ilustres, libros VI (cínicos) y VII (Zenón y estoicos).
Cicerón, Sobre los fines de los bienes y los males (De finibus).
Séneca, Cartas a Lucilio, De los Beneficios, De la Ira, A Helvia.
Epicteto, Discursos.
Marco Aurelio, Meditaciones.
Piotr Kropotkin, La moral anarquista y La ayuda mutua.
Martha Nussbaum, La fragilidad del bien y Fronteras de la justicia.
Eric Havelock, The Liberal Temper in Greek Politics.
Murray Bookchin, The Ecology of Freedom.
Federico Uanini, “Marco Aurelio no hacía mewing. Ultraderechas y su construcción de la masculinidad” (La Tinta, 2024).
En suma: el estoicismo no es, en sus orígenes, una filosofía de derechas, sino un pensamiento de la comunidad universal sin Estado, de la igualdad natural, de la crítica a la propiedad privada y de la abolición de las jerarquías sociales. Que hoy lo reclamen los gymbros y los traders es una ironía histórica que merece ser señalada una y otra vez. Recuperar la tradición estoica en su integridad —especialmente la vertiente anarquista y comunitaria de Zenón— es también un acto de resistencia contra su vaciamiento reaccionario.
https://latinta.com.ar/2024/04/24/marco-aurelio-ultraderechas-masculinidad/
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