ONTOLOGÍA ULTRA: TRUMP.
1. La Condición Fascista.
Este apartado define la esencia del fenómeno que enfrentamos. El trumpismo no se trata de una anomalía política pasajera, sino de una transformación sistémica profunda que opera simultáneamente en cuatro niveles: como una ideología política novedosa y aterradora; como la expresión de una patología psicológica colectiva e individual; como un proyecto de poder total que busca reconfigurar los fundamentos del Estado y el orden internacional; y, en su nivel más radical, como una fuerza ético-existencial que ha hecho las paces con la muerte masiva. Comprender esta cuádruple naturaleza es el primer paso para nombrar y resistir la amenaza.
Naturaleza Ideológica: El Fascismo del Siglo XXI y el "Fin de los Tiempos"
La ideología dominante ya no puede entenderse con las categorías políticas tradicionales. Aunque encontramos una constelación de características comunes al fascismo tradicional -glorificación de la violencia, deshumanización del adversario, politización de la justicia o la creación de un brazo paramilitar estatal (ICE)-, como precisa Steven Forti, no se trata de una réplica del fascismo histórico, sino de un autoritarismo posliberal anti-ilustrado y eficientista, que desprecia los principios de la Ilustración y la democracia liberal para instaurar un régimen de control y jerarquía
El trumpismo bebe de corrientes ideológicas previas como el paleoconservadurismo, el etnopopulismo de la Nouvelle Droite francesa y el libertarismo de derecha, mutando en una ideología del colapso que renuncia a cualquier futuro compartido. Cabe distinguir aquí entre el etnopopulismo de la Nouvelle Droite –que enfatiza la diferencia cultural– y el supremacismo blanco de la Alt-Right –que enfatiza la raza–.
Este proyecto adquiere su tono más siniestro bajo la conceptualización de Naomi Klein: es el "fascismo del fin de los tiempos". A diferencia del fascismo clásico, que prometía una utopía futura, esta ideología carece de horizonte positivo. Es un monstruoso supervivencialismo supremacista que, consciente de las crisis climáticas y sociales, ha renunciado a cualquier solución común. Su única oferta es el abandono del futuro compartido: la fantasía de que una élite tecnológica pueda escapar en "arcas" (como Marte o ciudades-Estado privadas) o que una nación-fortaleza pueda salvarse a costa del resto, mientras se acelera el colapso y se disfruta sádicamente del sufrimiento ajeno.
Naturaleza Psicológica: La Patología del Poder y el Goce Sádico
El fenómeno no puede explicarse solo por la ideología; es inseparable de la psicopatología del líder y del movimiento. En Trump, como describe David Brooks, asistimos a la degradación narcisista y tiránica de una personalidad que, con el poder absoluto, pierde sus últimas inhibiciones. José Luis Villacañas lleva esta observación al extremo histórico, estableciendo un parangón psicopatológico con figuras como Hitler, identificando una mezcla de desfachatez, cinismo, vanidad desbordada y un sadismo que necesita humillar.
Esta psicopatía no se limita al líder, sino que se convierte en la praxis política del régimen. La crueldaz ya no es un efecto colateral, sino el goce sádico que estructura la acción política. La deshumanización del oponente, la humillación pública, la violencia performativa (como las deportaciones filmadas como "ASMR") y el lenguaje exterminador ("alimañas", "basura") son instrumentos para un placer político perverso. La política se reduce, en gran medida, a una "práctica sexual perversa" donde el cuerpo del otro es instrumentalizado para el disfrute del poder.
Naturaleza Sistémica: El "IV Reich" como Proyecto de Poder Total en Avance
La metáfora del "IV Reich" funciona como síntesis analítica. No es una mera analogía moral, sino un marco que describe un proyecto de poder total, revolucionario y en expansión acelerada. Este proyecto se construye, como explica Forti, sobre las ruinas del neoliberalismo, aprovechando la atomización social, la desigualdad y el vaciamiento de la democracia que este generó.
En el plano interno, instaura un "estado de excepción" real (Villacañas), donde las normas constitucionales son suspendidas en la práctica por un poder ejecutivo que se atribuye facultades ilimitadas, como evidencian las operaciones de ICE. En el plano geopolítico, erige un "sistema neomonárquico" neoimperial (Forti), donde la ley de la selva y el saqueo de recursos reemplazan al orden internacional. La "geopolítica hemisférica" o "doctrina Donroe" afirma el dominio absoluto de Estados Unidos sobre su esfera de influencia, ejemplificado en el anschluss económico-militar de Venezuela.
En el fondo, como revela la tesis histórica de Johan Norberg, este proyecto representa el "suicidio interno" de una civilización en su cénit. Ante la complejidad y las crisis del mundo, la respuesta de sus élites no es la apertura, la innovación y la cooperación –los motores del progreso histórico–, sino la clausura, el control, la nostalgia reaccionaria y la huida hacia adelante mediante la rapiña. El "IV Reich" es, por tanto, la encarnación política de una civilización que, en la cima de su poder material, elige el camino del colapso autoritario.
2. MECÁNICAS DE PODER
Si el diagnóstico define el qué del fenómeno, este apartado desentraña el cómo. No se trata de un poder monolítico, sino de un sistema de engranajes interconectados que operan en el plano económico, doctrinal, psicosocial e histórico-psicológico. Este entramado explica cómo un proyecto aparentemente caótico y personalista ha logrado adquirir una fuerza sistémica y una base social capaz de desafiar y reconfigurar instituciones democráticas seculares. Su poder reside en la simbiosis entre el capital más disruptivo, una doctrina política radical, la explotación maestra de las emociones y una sofisticada –y siniestra– herencia de técnicas de manipulación de la conciencia.
Mecánica Sistémica-Económica: La Alianza Autoritaria del Capital y el Estado
El poder económico no solo financia este proyecto; se fusiona con él para darle una base material y una agenda revolucionaria. Como explica Diego Barros, la clave está en la alianza entre el capital tecnológico disruptivo ("tecnobrós") y el proyecto político iliberal. Esta alianza ha evolucionado desde la mera financiación hacia lo que Steven Forti identifica como un "complejo tecnológico autoritario": un consorcio explícito que busca capturar el Estado no para influir en él, sino para controlar sus infraestructuras de gobernanza y usarlas para sus propios fines.
La lógica económica que emerge es doble y complementaria. Por un lado, la "acumulación por represión" (Yayo Herrero), donde la guerra, el control social y el lawfare se convierten en nuevos motores de beneficio para un capitalismo estancado. Por otro, el "tecnofeudalismo supervivencialista" analizado en Viento Sur: una ideología de huida donde los súper-ricos financian "arcas" privadas (ciudades-Estado, colonias marcianas) y estados-nación se convierten en "búnkeres" fortificados, ambos preparándose para un colapso que sus propias políticas aceleran. Esta dinámica se proyecta al exterior mediante el "Realismo" (Guillem Martínez), una doctrina de dominación que, en lugar de invasiones clásicas, pacta con las élites locales para que entreguen la soberanía y los recursos a cambio de mantenerse en el poder, como se vio en el modelo aplicado en Venezuela.
Mecánica Político-Doctrinal: De la Teoría a la Praxis Geopolítica
Tras la fachada de la improvisación, existe una columna doctrinal sofisticada que guía la acción. Esta se nutre del pensamiento schmittiano –que concibe la política como una guerra existencial entre amigos y enemigos–, teorizado por Peter Thiel en su "momento straussiano" y señalado por Villacañas como el cerebro estratégico (Thiel) detrás del brazo ejecutor (Trump). Este pensamiento se materializa en una extrema derecha global unificada (Forti), una red transnacional de partidos, think tanks (como la Heritage Foundation) y agitadores que comparten una agenda común anti-liberal, anti-"globalista" y anti-"woke".
La praxis geopolítica de esta doctrina es la "geopolítica hemisférica" o "doctrina Donroe" (El Grand Continent). Representa un giro radical: el abandono explícito del orden liberal internacional y el multilateralismo. En su lugar, proclama el dominio absoluto y unilateral de Estados Unidos sobre el continente americano, entendido como una esfera de influencia donde priman la fuerza, el control de recursos y la renegociación o ruptura de cualquier alianza que limite la acción soberana. Es la institucionalización de la ley del más fuerte como principio rector de las relaciones internacionales.
Mecánica Psico-Social (Base): Los Vínculos Emocionales y el Apocalipsis Normalizado
El poder más perdurable no es el que se ejerce por la fuerza, sino el que se arraiga en la psique colectiva. El estudio de Yudkin y Hawkins revela que la lealtad a Trump no es ideológica, sino emocional, canalizada a través de cuatro roles arquetípicos que él encarna para su coalición: el Constructor (que arregla un sistema roto), el Redentor (que devuelve el respeto a los humillados), el Blasfemo (que transgrede con gusto las normas "progresistas") y el Gran Narrador (la fuente única de verdad en un mundo de desinformación). La creación de espacios digitales como la manosphere y la difusión de teorías conspirativas como QAnon han sido clave para canalizar el resentimiento y construir una comunidad emocional en torno a líderes carismáticos. Foros como 4chan, 8chan, Reddit y –en el caso español– Forocoches, fueron cruciales para la radicalización y la creación de estas comunidades digitales, normalizando el extremismo y proporcionando un sentido de pertenencia identitaria.
Este vínculo se ha construido en un terreno abonado por la normalización del extremismo. Como señala Forti, la "ventana de Overton" se ha desplazado radicalmente: discursos y políticas que antes eran impensables (deportaciones masivas, negacionismo climático, teorías conspirativas como el "Gran Reemplazo") se han convertido en mainstream, legitimados desde el poder. Este proceso se sustenta en una espiritualidad apocalíptica (Viento Sur) que fusiona el nacionalismo cristiano y el sionismo cristiano –con su esperanza literal en el "Rapto"– con un tecno-apocalipticismo secular (Thiel, Musk) que fantasea con escapar de una Tierra condenada. Ambas visiones comparten una fantasía de salvación exclusiva para unos elegidos y justifican moralmente el abandono –y a menudo la aceleración– del colapso para los demás. Esta narrativa proporciona un marco de sentido trascendente a la política del miedo y la división.
3. LOS HECHOS
El diagnóstico y las mecánicas de poder no son abstracciones. Se materializan en hechos concretos y medibles que reconfiguran la sociedad, la política y el orden mundial. Este apartado documenta esa materialización en cinco frentes críticos: la transformación del Estado en un aparato de control y crueldad; el intento de remodelación biopolítica de la sociedad; la demolición sistemática de los contrapesos democráticos; el giro agresivo hacia un neoimperialismo de rapiña; y el sabotaje consciente de las bases ecológicas de la supervivencia colectiva. Son estas acciones, y no solo las retóricas, las que dibujan el perfil tangible del nuevo régimen.
Autoritarismo Institucional: El Estado como Instrumento de Control, Crueldad y Pogromo
La teoría se convierte en práctica a través de la profunda transformación de las instituciones estatales. El ejemplo paradigmático es la conversión de ICE en un brazo paramilitar, cuyas tácticas –como el memorándum que autoriza allanamientos sin orden judicial– se diseñan para el terror y se exportan como modelo, como se vio en los controles callejeros en Venezuela, donde fuerzas parapoliciales revisan teléfonos móviles y aplicaciones de mensajería de civiles. Pero el autoritarismo no se limita a la coerción física; cultiva una estética y una cultura de la crueldad. Como analiza Viento Sur, la administración produce una propaganda estatal sádica: videos de deportaciones etiquetados como "ASMR" para calmar a la base, burlas públicas a detenidos o el "sadismo chic" de figuras como Kristi Noem. La crueldad deja de ser un efecto colateral para convertirse en un mensaje político central y un mecanismo de cohesión para sus seguidores.
Esta lógica de la crueldad necesaria no se limita al Estado; se devuelve e instiga en la sociedad civil. Un caso emblemático en España, analizado por Chinchilladas y Guillem Martínez, fue el asedio a una iglesia en Badalona por parte de vecinos, para impedir que diese refugio a personas sin techo durante un temporal. Este acto de brutalidad vecinal, alentado por una retórica estatal que normaliza la exclusión y el "malismo", muestra cómo la "crueldad necesaria" se materializa a nivel microsocial, desatando y legitimando el egoísmo más visceral como respuesta política.
Ingeniería Social y Control Biopolítico: La Fabricación del Sujeto Reaccionario
El control se extiende de manera programática a la esfera más íntima mediante una ingeniería social y biopolítica explícita. El antifeminismo y la manosphere han sido claves para la expansión transnacional de la Alt-Right, especialmente en países como España, donde el eje racial no es tan determinante. Esto convierte la reacción antifeminista en un pilar transnacional del proyecto autoritario. El informe "Salvar a Estados Unidos salvando a la familia" de la Heritage Foundation es el plan maestro para remodelar la demografía, la estructura familiar y la subjetividad misma. No se trata de políticas familiares tradicionales, sino de un proyecto de fabricación de la base social futura del régimen. Mediante créditos fiscales natalistas masivos, "campos de entrenamiento matrimonial" y restricciones digitales (elevando la edad de acceso a redes sociales, pornografía y chatbots de IA), el Estado busca premiar y moldear un modelo de familia heterosexual, numerosa y tradicional, declarando una guerra cultural desde arriba.
Este plan es profundamente reaccionario en su rechazo a la modernidad. Identifica como enemigos explícitos el "alarmismo climático" (que desmoralizaría a la juventud), la tecnología reproductiva como la FIV (acusada de "manipular o destruir embriones") y la cultura liberal en general. Es la "utopía reaccionaria" llevada a la política social: usar el poder del Estado para revertir el reloj sociológico y garantizar una demografía "útil" y alineada. Es la fusión definitiva entre el Estado autoritario, la ideología patriarcal y el control sobre los cuerpos y la reproducción, haciendo de la política familiar un pilar del proyecto totalitario.
Erosión Democrática: La Transición Hacia la "Autocracia Electoral"
El proyecto no busca ganar elecciones dentro de las reglas del juego democrático, sino cambiar las reglas para volverse inmune a su resultado. Esto implica un ataque multifrontal a los pilares de la democracia liberal: un asedio constante a los medios de comunicación independientes, tildados de "enemigos del pueblo"; la politización de la justicia y el sistema legal para perseguir a oponentes y proteger a aliados; y el ataque a la independencia de instituciones técnicas como la Reserva Federal.
El objetivo final, como define Steven Forti, es la instauración de una "autocracia electoral": un sistema que mantiene la fachada de los comicios, pero donde la separación de poderes, el pluralismo informativo y los derechos de las minorías han sido erosionados hasta la irrelevancia. La amenaza de usar la Ley de Insurrección contra estados disidentes o el cuestionamiento sistemático de la legitimidad de cualquier elección perdida son pasos en esta dirección, buscando vaciar de contenido sustantivo a la democracia y convertirla en un ritual carente de poder real de alternancia.
Giro Geopolítico: Saqueo, "Realismo" y la Ley del Más Fuerte
En el escenario global, el nuevo régimen ejecuta un giro radical desde el multilateralismo hacia un neoimperialismo desinhibido, operativizado mediante la doctrina del "Realismo" (Guillem Martínez). Esta no es una estrategia de invasión clásica, sino un mecanismo de captura y saqueo eficiente. Su fórmula es un pacto cínico con las élites locales: a cambio de mantenerse en el poder, estas entregan la soberanía efectiva (control de recursos, política exterior, seguridad) a los intereses estadounidenses. El resultado son "Estados y medio" o "dictaduras y media", como el modelo aplicado en Venezuela, donde subsiste una fachada de gobierno local pero la soberanía ha sido externalizada. Este "anschluss económico" fue un golpe de Estado ejecutado bajo esta doctrina, entregando el control total de los recursos petroleros venezolanos.
Esta praxis se enmarca en la "geopolítica hemisférica" o "doctrina Donroe", que afirma el dominio absoluto y unilateral de Estados Unidos sobre el continente americano, lanzando amenazas abiertas a Groenlandia, Canadá y Panamá por su valor geográfico y recursos, mientras se tejen alianzas con ultraderechas globales para fracturar la unidad de los bloques democráticos tradicionales.
Sabotaje Eco-Sistémico: La Secesión Climática como Política de Estado
El acto de rapiña geopolítica se complementa con una secesión formal y burocrática del orden internacional liberal. La retirada masiva de 66 organizaciones multilaterales –31 de ellas de la ONU, incluyendo pilares como la Convención Marco sobre el Cambio Climático (UNFCCC) y el IPCC– no es una política de aislamiento, sino una renuncia explícita a las reglas del juego global. La justificación oficial, articulada por figuras como el senador Marco Rubio, eleva la teoría conspirativa a doctrina de Estado: acusa a estas organizaciones de ser parte de una "extensa arquitectura de gobernanza global... dominada por una ideología progresista" impulsada por "redes de élite". Esta retórica muestra cómo la guerra cultural interna se proyecta como política exterior, identificando como enemigos explícitos el feminismo ("equidad de género"), los principios de Diversidad, Equidad e Inclusión (DEI) y la "ortodoxia climática".
Esta acción es más que simbólica; es un sabotaje consciente contra el sustrato eco-social de la supervivencia colectiva. Al desmantelar sistemáticamente los pilares de la gobernanza ambiental (UNFCCC, IPCC, IPBES) y de derechos humanos, el régimen ejecuta una política de ecocidio institucionalizado. Es la "guerra contra el sustrato eco-social": un ataque directo a la única respuesta coordinada posible ante la crisis ecológica planetaria. Esta secesión climática revela la lógica última del "fascismo del fin de los tiempos": ante los límites biofísicos, la respuesta de sus élites no es la cooperación o la transición, sino el abandono activo de cualquier marco de solución común y la aceleración de la rapiña. Es la política del búnker llevada a las relaciones internacionales: sellar las compuertas, abandonar el barco global y saquear lo que queda antes del hundimiento.
4. CONTEXTO Y DINÁMICA
El avance del proyecto autoritario no ocurre en el vacío, sino que es potenciado y a la vez potencia un contexto global específico. Este apartado examina las condiciones que lo hacen posible y las dinámicas que lo propagan. Se trata de un cambio de clima cultural que normaliza la violencia y se nutre de una espiritualidad distópica, una proyección transnacional acelerada que lo convierte en un fenómeno global interconectado y sincronizado, y una base material de crisis ecológica y social que actúa como caldo de cultivo y justificación para su lógica depredadora. El fenómeno es, a la vez, síntoma y agravante de las crisis estructurales de nuestro tiempo.
Cultura y Ambiente: La Normalización del Auge Cruel
El terreno sobre el que avanza el proyecto es un paisaje cultural profundamente alterado. Ezra Klein identificó el retroceso del "vibe shift" liberal, esa breve sensación de que la cultura institucional y corporativa se movía hacia valores progresistas. Ese retroceso ha dado paso a lo opuesto: el auge de la crueldad como cultura. Naomi Klein señala cómo el "fascismo del fin de los tiempos" no solo practica la violencia, sino que la comercializa y la convierte en un espectáculo de consumo para su base.
Esta estética es analizada en profundidad por fuentes como daniscream y Viento Sur, que describen la psicopatología del goce sádico como un principio organizativo. No se trata solo de actos de violencia, sino de una estética política basada en el disfrute de la humillación ajena: la propaganda de deportaciones como "ASMR", la burla ritualizada, el "sadismo chic" de los líderes. Esta cultura no es marginal; se ha infiltrado en la corriente principal, volviendo aceptable lo que antes era impensable y alimentando un circuito de placer y poder que vincula emocionalmente a la base con el líder.
Proyección Transnacional: El Efecto Dominó de la "Internacional Reaccionaria"
El fenómeno no tiene fronteras. Es, como advirtieron Diego Barros y José Luis Villacañas, una crisis sistémica con efecto dominó. La advertencia es clara: "Si cae EE.UU., la UE no resistirá". Esta no es una metáfora, sino una descripción de la interdependencia de las democracias liberales ante un proyecto que las ve como enemigas comunes.
El fenómeno se adapta localmente: en España, youtubers antifeministas como Roma Gallardo y Un Tio Blanco Hetero tradujeron los marcos discursivos de la Alt-Right, allanando el camino para la irrupción electoral de la extrema derecha, ejemplificando así la adaptación local de la agenda autoritaria.
La proyección es posible gracias a la existencia de una verdadera "internacional reaccionaria" (Rosendo Gonzalez Nunez), una red transnacional que Steven Forti describe como una "gran familia global". Esta red opera a través de fundaciones (Heritage Foundation), institutos (National Conservatism), think tanks y canales de comunicación alineados, compartiendo una agenda común anti-liberal, anti-"globalista" y anti-"woke". Partidos y líderes de extrema derecha en EE.UU., Europa y América Latina (Trump, Meloni, Abascal, Milei) se ven a sí mismos librando la misma batalla existencial, coordinando tácticas y normalizando mutuamente sus discursos más extremos, lo que acelera la radicalización en todos los frentes.
Estado de la Unión y Crisis Ecosocial: El Motor Material del Colapso Autoritario
Internamente, Estados Unidos vive una tensión constitutiva. Por un lado, aún opera bajo la forma de su Constitución y mantiene instituciones independientes; por otro, el poder ejecutivo actúa bajo una lógica que Villacañas define como "estado de excepción" real, suspendiendo garantías en la práctica. Esto crea un "estado híbrido" donde conviven, de manera inestable y violenta, el marco legal liberal y la práctica política autoritaria.
El combustible que alimenta esta maquinaria es, en última instancia, material. Como argumenta Yayo Herrero, la crisis ecosocial es el sustrato fundamental. El "modo de vida imperial" –basado en la extracción infinita, el consumo desaforado y la desigualdad– ha chocado con los límites biofísicos del planeta. Frente a esta contracción material, la respuesta de las élites no es la transición justa, sino la rapiña acelerada y la "selección salvaje". La geopolítica hemisférica para controlar petróleo y minerales, la ingeniería social para garantizar una demografía útil, la acumulación por represión y la fantasía de los búnkeres de escape son todas respuestas distópicas a una crisis de reproducción del sistema. El autoritarismo se presenta, así, como la herramienta para gestionar la escasez y defender los privilegios por la fuerza, haciendo de la crisis ecológica el motor último de su lógica de exterminio y exclusión.
5. RESPUESTAS Y RESISTENCIA
Ante la magnitud y complejidad de la amenaza, la respuesta no puede ser unidimensional ni reactiva. Debe ser una estrategia multifacética y proactiva que actúe simultáneamente en el plano de las ideas, las instituciones, la movilización social, la reconfiguración geopolítica y, de manera crucial, en el terreno de los afectos, los deseos y la construcción de comunidad. Este apartado sintetiza las propuestas de resistencia que emergen del análisis, reconociendo que enfrentamos no solo una crisis política, sino una batalla material, cultural y existencial por el significado de la comunidad, el futuro y la propia vida en un planeta compartido. El desafío es construir una alternativa tan poderosa en su imaginario y su práctica como lo es el proyecto que busca derrotar.
Respuesta Intelectual y Moral: Nombrar, Diagnosticar y Ofrecer Esperanza
La primera trinchera de la resistencia es la claridad conceptual y el coraje moral. Como argumenta Jonathan Rauch, hay que nombrar la amenaza con precisión ("fascismo") para poder reconocerla y combatirla. Esta tarea requiere del diagnóstico histórico que realizan figuras como José Luis Villacañas, que sitúa el fenómeno en un linaje de patologías políticas extremas, y de Johan Norberg, cuya tesis histórica ofrece la refutación definitiva: las civilizaciones no se salvan con muros y nostalgia, sino con apertura a personas, ideas y comercio. La clausura es el síntoma del suicidio, no la receta de la resiliencia.
Frente al cinismo paralizante, es vital el rechazo activo que proclama Alexandria Ocasio-Cortez, afirmando que "un mundo mejor es posible". Esta esperanza debe basarse en una denuncia ética radical, como la que formula Viento Sur: el proyecto autoritario es, en esencia, una "traición" al futuro común, a los niños y niñas, y a la maravilla del planeta. Nombrar esta traición es deslegitimar moralmente su núcleo supervivencialista y recordar que lo que está en juego no es un programa de gobierno, sino la habitabilidad misma del mundo.
Respuesta Jurídico-Institucional: Más Allá de la "Vasallización Feliz"
Las instituciones y el Estado de derecho son campos de batalla cruciales, pero insuficientes si se usan de manera defensiva. La denuncia de la inconstitucionalidad de los actos del régimen (las órdenes ejecutivas, los memorándums de ICE) es necesaria, pero debe ir acompañada de una crítica más profunda a la "parálisis incapacitante" (Steven Forti) de las élites e instituciones liberales. Como señala Yayo Herrero, la retórica del "mal menor" y el intento de los partidos tradicionales por copiar a la extrema derecha solo desmoviliza y allana el camino autoritario.
La principal trampa a evitar es la "vasallización feliz" (Forti): la aceptación sumisa por parte de aliados como la Unión Europea de un rol subordinado y reactivo frente a la agresión y el abandono estadounidense. Defender las instituciones no significa lealtad ciega a unas élites que han demostrado miopía e impotencia, sino reclamar que esas instituciones cumplan su función de contrapeso y se reformen para enfrentar la nueva era.
Respuesta de Movilización Civil: La "Voz", la Organización y una Oferta Alternativa de Sentido
Cuando las instituciones flaquean, la soberanía última reside en la gente organizada. Como sostiene Forti, retomando a Hirschman, la única opción viable frente a la "salida" (la huida de los tecnoligarcas) y la "lealtad" (a élites paralizadas) es la "voz": la protesta, la participación y la desobediencia civil masiva. Los llamados a la huelga general son la expresión máxima de este poder de paralización desde abajo.
Sin embargo, la protesta por sí sola no basta. Como advierten Yayo Herrero y Raimundo Viejo, se necesita una "refundación extática del ideal emancipador", un movimiento de masas que ofrezca una experiencia emocional y comunitaria tan poderosa como la que ofrece el fascismo. Aquí es donde resuena la pregunta crucial de daniscream: ¿Cuál es nuestra "oferta libidinal"? La resistencia debe poder movilizar el deseo, el goce y la esperanza hacia la construcción de lo común, oponiendo al placer sádico del dominio la alegría fundamentada de la organización mutua, el cuidado y la solidaridad.
Respuesta Geopolítica y de Seguridad: Autonomía Estratégica y un Nuevo Imaginario Comunitario
En un mundo donde la potencia hegemónica abandona el multilateralismo y se vuelve una fuente de inestabilidad, la respuesta de sus aliados tradicionales no puede ser la sumisión. Es urgente, como exige Forti, construir una verdadera "autonomía estratégica" europea –no solo militar, sino económica, tecnológica y política– que permita a la UE resistir la presión, defender sus intereses y establecer una relación de fuerza que obligue a la negociación. La defensa explícita de líneas rojas como Groenlandia es parte de este aprendizaje de soberanía.
Esta reconfiguración geopolítica debe ir de la mano de una batalla cultural más amplia. Como plantean Herrero y Forti, es esencial disputar los imaginarios dominantes y construir un "sentido de comunidad no identitario". Frente al búnker étnico-nacional o la arca privada de los billonarios, hay que tejer un relato de comunidad basado en la interdependencia, los cuidados, la justicia ecológica y la hospitalidad. Esta tarea de reimaginación es tan vital como la organización en las calles, porque sin un "nosotros" atractivo y creíble, no hay fuerza capaz de derrotar al "ellos" excluyente y mortífero del fascismo del fin de los tiempos.
Nos enfrentamos, en definitiva, a un proyecto revolucionario de carácter totalitario, cuyo núcleo es el "fascismo del fin de los tiempos". Este no es un régimen más, sino la respuesta distópica y suicida de las élites del "modo de vida imperial" a la policrisis ecosocial y al ocaso de su hegemonía. Opera mediante una alianza sin precedentes entre el capital tecnológico disruptivo (que sueña con arcas de escape) y un movimiento político iliberal (que construye búnkeres nacionales), unidos por una ideología de supremacismo supervivencialista y un complejo del Armagedón. Su estrategia es la "geopolítica hemisférica" (dominio por rapiña) y la "ingeniería social reaccionaria", rechazando cualquier marco de cooperación internacional o futuro compartido. La resistencia, por tanto, debe ser igualmente total: una batalla material, política, cultural y existencial por la defensa de un futuro común, que pase por la reconstrucción de una comunidad democrática, ecológica y esperanzada frente a la traición de las élites.
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