Tanatos. La crueldad.

El programa de la ultraderecha es instaurar un régimen emocional donde la crueldad sea explícita, deseada y justificada. 


https://www.eldiario.es/catalunya/guardia-urbana-badalona-echa-migrantes-plaza-habian-acampado-desalojados_1_12858427.html

Devenir crueles. Romper los pactos de la cultura y la civilización. Liberar las ataduras de la violencia. Crucificar chivos expiatorios.

¿Por qué?

Porque el capitalismo tardío ya no puede ofrecer una promesa creíble de vida buena. Todo lo que necesitamos para una vida buena es estructuralmente contrario a su lógica: descarbonizar, redistribuir bienes y tareas, impedir la acumulación de capital-poder, radicalizar los procesos democráticos.

Al no poder ofrecer futuro, ofrece un sucedáneo. Un pacto sádico: «No puedes tener una vida buena, pero podemos ser crueles con otros más miserables que tú.»

El reciente desalojo en Badalona no es una anomalía. Es el manual. Un caso práctico de este programa que opera en tres fases, formando un circuito cerrado de energía política:

Fase 1: Activación
Se señala al migrante como chivo expiatorio perfecto. Es visible, vulnerable y culturalmente distinto, encarnando simbólicamente todas las inseguridades (laborales, identitarias) que el propio sistema genera. Esta señalización activa el resentimiento y el odio latentes, canalizando la rabia por el fracaso sistémico hacia un objetivo concreto y "expulsable".

Fase 2: Goce y Ejecución
El poder se ejerce con máximo despliegue teatral: desalojos con antidisturbios, humillación pública. No es una medida administrativa; es un ritual de dominio. Esta ejecución produce un doble goce:

  • Goce sádico del núcleo duro: Su deseo de exclusión y supremacía se materializa.

  • Goce cínico del espectador/votante: Se vende como "eficacia" y "orden", ofreciendo la catarsis de ver "algo hecho", aunque sea pura destrucción.

Fase 3: Retroalimentación (El Bucle se Cierra)
La acción cruel genera caos y sufrimiento visible: personas en la calle, malestar social. Este caos, creado por ellos mismos, se presenta como prueba de su relato inicial. «Miren el problema que causan», se dice, usando las consecuencias de su propia violencia para justificar la siguiente. El circuito se retroalimenta. La energía política se genera no resolviendo problemas, sino exacerbándolos.

Este es el nuevo contrato social que proponen: un régimen emocional basado en la descarga violenta del resentimiento. Frente a esto, la única respuesta posible no es la conmiseración, sino la construcción de un contrato alternativo donde la vida buena no sea una promesa vacía, sino un proyecto colectivo por el que valga la pena luchar. La batalla no es solo política; es por el alma misma de lo común.

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